
René Guénon: Apercus Sur l’Initiation» Chap. XLI, pág. 266. Editions Traditionnelles, Paris, 1964.
Cuando el hombre ha logrado alcanzar el punto de situarse en el centro de todas las cosas; es decir, cuando ha alcanzado la realización integral de su humanidad, se dice que «El Cielo es su padre y la Tierra es su madre.» Tal es el hombre que la tradición taoísta distingue como el Hombre Verdadero (tchenn-jen), la tradición sufí denomina el Hombre Primordial (al-Iinsanul-qadim), y Martines de Pasqually define como el Hombre restaurado a su estado primordial, es decir, en sus primeras propiedades, virtudes y poderes espirituales y divinos.»
(“Traite de la Reintegration des Etres«).
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